El Tribunal Supremo reitera: la convivencia de uno de los cónyuges con una nueva pareja extingue el derecho de uso de la vivienda familiar por el progenitor a quien se le atribuye la guarda y custodia.

Como ya lo hiciera la revolucionaria STS 641/2018 de 20 de noviembre,  ( y casi un año después la STS 568/2019, de 29 de Octubre de 2019) el  Tribunal Supremo ha vuelto a pronunciarse sobre la extinción del uso de la vivienda familiar atribuido al cónyuge custodio y a sus hijos, como consecuencia de la convivencia en la misma de una nueva pareja sentimental.

Recordemos que la citada doctrina vino a establecer una causa de extinción de la medida de atribución del uso de la vivienda familiar ex artículo 96.1 del Código Civil por circunstancia sobrevenida, en tanto en cuanto la introducción de un tercero en la vivienda en manifiesta relación estable de pareja con el progenitor que se benefició del uso por habérsele asignado la custodia de los hijos, cambia el estatus del domicilio familiar, de igual modo que afecta a otros aspectos como la pensión compensatoria e incluso el interés de los hijos, introduciendo elementos de valoración distintos de los que se tuvieron en cuenta inicialmente.

Se refrenda ahora el Tribunal Supremo en STS 488/2020, de 23 de septiembre en que tal hecho constituye una alteración sustancial de las circunstancias que extingue el derecho de uso de la vivienda familiar, en los términos recogidos en la controvertida STS 641/2018, esto es:

(i) “El derecho de uso de la vivienda familiar existe y deja de existir en función de las circunstancias que concurren en el caso. Se confiere y se mantiene en tanto que conserve este carácter familiar. La vivienda sobre la que se establece el uso no es otra que aquella en que la familia haya convivido como tal, con una voluntad de permanencia (sentencia 726/2013, de 19 de noviembre). En el presente caso, este carácter ha desaparecido, no porque la madre e hijos hayan dejado de vivir en ella, sino por la entrada de un tercero, dejando de servir a los fines del matrimonio. La introducción de una tercera persona hace perder a la vivienda su antigua naturaleza «por servir en su uso a una familia distinta y diferente (…)

 (ii) “La medida no priva a los menores de su derecho a una vivienda, ni cambia la custodia, que se mantiene en favor de su madre. La atribución del uso a los hijos menores y al progenitor custodio se produce para salvaguardar los derechos de aquellos. Pero más allá de que se les proporcione una vivienda que cubra las necesidades de alojamiento en condiciones de dignidad y decoro, no es posible mantenerlos en el uso de un inmueble que no tiene el carácter de domicilio familiar, puesto que dejó de servir a los fines que determinaron la atribución del uso en el momento de la ruptura matrimonial, más allá del tiempo necesario para liquidar la sociedad legal de gananciales existente entre ambos progenitores”.

(iii) “En aplicación de esta doctrina, que la sala de apelación no desconocía, debemos declarar que la introducción en la vivienda familiar de un tercero, en una relación afectiva estable, desnaturaliza el carácter de la vivienda, dado que deja de ser familiar, en el sentido de que manteniéndose la menor en la misma, se forma una nueva pareja sentimental entre su madre y un tercero que disfruta de una vivienda que también es propiedad del demandante, que además abona el 50% del préstamo hipotecario”.